NUESTRA HISTORIA
 

La Real e Ilustre Archicofradía Sacramental de San Miguel Santa Cruz, San Justo y Pastor y San Millán, conocida como Sacramental de San Justo, tiene su origen en la primitiva de San Miguel, erigida en 26 de mayo de 1552. Desde entonces y con ordenanzas estatutarias de aquella época, ha venido actuando la Real e Ilustre Archicofradía en distintas Parroquias de Madrid. La Archicofradía Sacramental de San Miguel, San Justo y Pastor y San Millán y Animas benditas de sus Iglesias Parroquiales, al principio eran tres Corporaciones distintas, más tarde se fueron reuniendo en una sola. El día 12 de febrero de 1564 por Pío IV, que sin intermisión fueron mandadas guardar y cumplir por los muy Reverendos Arzobispos de Toledo y por su Consejo de la Gobernación.
Las referidas Archicofradías fueron erigidas, la del Santísimo Sacramento de la Parroquia de San Miguel en 26 de Mayo de 1552. Fueron aprobadas y confirmadas sus ordenanzas el 20 de mayo de 1553 por el Ilmo. Sr. D. Juan Martínez de Siliceo, arzobispo que fue de Toledo. La Cofradía de Ánimas de la misma Iglesia en el año 1609 formó ordenanzas particulares que se aprobaron en 13 de noviembre de 1609 por el Ilmo. Sr. D. Bernardo de Sandobal y Rojas, arzobispo de Toledo, que después se reformaron para la mayor claridad, y las que nuevamente se establecieron fueron aprobadas y confirmadas por el eminentísimo señor don Luis Antonio, cardenal, conde de Teva, tambien arzobispo de Toledo, en 4 de febrero de 1666. La Archicofradía Sacramental de la Parroquia de los Santos Justo y Pastor fue erigida y aprobadas sus ordenanzas en 6 de Junio de 1564. Y la de la Iglesia de San Millán con el título de las Ánimas, nuestra señora del Socorro y esclavos del Santísimo Sacramento, en 7 de marzo de 1613 En 1642, se otorgó escritura de ajuste, convenio y unión perpetua irrevocable, dejándolas reducidas a una sola, con el título de Archicofradía Sacramental de San Justo y Pastor y San Millán, bajo la protección de nuestra señora del Socorro.

 
Bula de Leo PP XIII - 22 Mayo 1890Bula de Leo PP XIII (Cardenal Ledóehowski) - 22 Mayo 1890


Así las cosas, en 16 de Agosto de 1690 acaeció en la Plaza Mayor de Madrid el incendio que fue bien notorio, cuyas llamas devoraron la iglesia parroquial de San Miguel, erigida en la plazuela de su nombre; y aunque después en parte de su terreno a costa de su Archicofradía Sacramental, la de Ánimas, limosnas de sus parroquianos y otros fieles, se habilitó una pequeña iglesia, ésta fue demolida enteramente en tiempo que dominaron en esta Capital los franceses y su gobierno intruso, motivo porque la citada parroquia y su distrito se unió e incorporó a la de San Justo y Pastor. Los pactos específicos se realizaron por escritura otorgada en 6 de Marzo de 1817. ante el escribano de Cámara, notario de los reinos, don Miguel Calbo García, que se aprobó,

 
     
 

previos los informes que se estimaron convenientes por el eminentísimo señor don Luis de Borbón, cardenal de Scala, arzobispo de Toledo. En las ordenanzas que fueron aprobadas por el Rey y Supremo Consejo de Castilla el 18 de agosto de 1888, entre otros es interesante destacar algunos de sus artículos, concretamente el que hace referencia a los protectores perpetuos de esta Archicofradía y al que se refiere a la principal función de la misma.

Ha de ser Hermano Mayor perpetuo reservado el Excelentísimo Señor actual marqués de Bélgida, Mondéjar y San Juan de Piedras Albas por su vida, y después sus sucesores en dichos títulos, pues además de ser individuos de la Archicofradía, es constante el sumo afecto que profesa y siempre tuvieron sus ilustres antecesores favoreciendo a la Sacramental con el mayor esmero en la celebración de Funciones de su sagrado instituto. Ha de ser el Excelentísimo Señor actual conde de Miranda, duque de Peñaranda.

 
Oleo de los Santos Justo y Pastor y San Millán - Siglo XIX
 
 
Excmo. Sr. D. Manuel de las Heras
Presidente de la Sacramental (1891-1893)
 

Mayordomo mayor del Rey, nuestro presidente señor, como individuo de esta Archicofradía, y lo serán igualmente los sucesores en su casa y estados, por ser también constante el afecto que profesa y favorece que ha dispensado a la Archicofradía, para que este distinguido honor quede perpetuado. Habiendo tomado por protectora de la Archicofradía a nuestra Madre y Señora María Santísima, bajo la advocación del Socorro, será su Camarera perpetua la Excelentísima Señora marquesa de Bélgida, como lo han sido las antecesoras de su casa, distinguiéndose en dádivas por su particular devoción y cuidado de cuanto es peculiar a este encargo.
La primera y principal función del primitivo instituto de esta Archicofradía es la de Minerva que todos los años se celebra en la tercera dominica después del Corpus, conforme a la bula que obtuvo la Corporación de los Santos Justo y Pastor, y con respecto a la de San Miguel, el domingo de la infraoctava, o en otro que se señalase por el ordinario diocesano. El objeto de esta función es rendir los más debidos obsequios a Jesús Sacramentado.»

 
 
 
 
 

La Real e Ilustre Archicofradía Sacramental de San Justo, aparte del culto al Santísimo Sacramento del Altar, fin primordial del instituto, surgió la creación de los cementerios de las Sacramentales tan características en las piadosas tradiciones de Madrid. La condición parroquial de las Sacramentales favorecía esta piadosa aplicación de los fines institucionales de la Archicofradía, pues también los cementerios eran a la sazón, por lo común, de carácter parroquial. Por R. O. de 9 de marzo de 1811, fue concedida real privilegio a la Sacramental de San Isidro para construir al lado de la Ermita de su Santo Patrono un cementerio propio para dar en él enterramiento a sus mayordomos y familiares, es decir un camposanto, particular, corporativo, familiar, en el cual fue erigido en virtud del privilegio antes dicho en los terrenos colindantes con la Ermita de San Isidro. Estos, al igual que la misma, fueron confirmados en su posesión por Real otorgamiento hecho por S. M. el Rey Fernando VII en 18 de septiembre de 1814, en el que, entre otras autoridades, se exhorta a la municipalidad de esta Corte para que proteja los cementerio de las Sacramentales en todo tiempo, procurando su propiedad y bonanza, y cuyo otorgamiento vino a confirmar la posesión de la Ermita y terrenos adyacentes constituidos en cementerios.
El referido privilegio, por el cual las Sacramentales usan y gozan de cementerios propios, fue confirmado por S. M. el Rey Fernando VII en orden de 14 de febrero de 1829, y notificada por el Ministerio de Gracia y Justicia al Ayuntamiento de Madrid, el cual le comunicó así a las Sacramentales, en fecha 16 de febrero de 1829. Como ya se dijo anteriormente, el cementerio de San Pedro y San Andrés, conocido posteriormente con el nombre de San Isidro, tuvo principio en el año 1811, en tiempos de José Bonaparte, que fue quien hizo cumplir los preceptos para que cesaran los enterramientos en las iglesias. Es el segundo que se construyó, habiendo sido el primero el General del Norte (llamado vulgarmente de la Puerta de Fuencarral), ya desaparecido, y levantado también, por disposición de José I, el año 1809.
Con fecha 4 de noviembre de 1845, S. M. la Reina Isabel II, por Real Orden concede licencia a la Sacramental de San Justo para construir un cementerio de carácter privado en la cima del Cerro de las Ánimas, sobre el lugar que ocupaba la casa de la Alegría, pared por medio de San Isidro

 
 
Real Orden que concede licencia para construir el cementerio
 
Real Orden que concede licencia para construir el cementerio
 

 

« El Excmo. Sr. Ministro de la Península, con fecha de 4 del actual me dice lo siguiente: Excmo. Sr: visto lo informado por V.E. en 24 de octubre último S.M. se ha servido conceder licencia a la Real Archicofradía Sacramental de San Miguel, San Justo y Pastor y San Millán de esta Corte para construir un cementerio en el Cerro de las Ánimas, extramuros de la misma. Lo digo a V.E. de Real orden para conocimiento de la Archicofradía y efectos correspondientes.»

Lo que traslado a V. para los efectos prevenidos en la presente Real orden.
Dios guarde a V. muchos años.
Madrid, 9 de noviembre de 1845

 
 
 
 
 

La tira de cuerda se llevó a cabo el día 21 de febrero de 1846. Al acto, entre otros, estuvieron presente como testigos de excepción: el presidente de la Sacramental, D. Felipe Martín Galán, los arquitectos Bartolomé Díez de Tejada y Wenceslao Gaviña, el teniente alcalde de Madrid marqués de Acapulco y el Regidor D. Ramón Pardo.
Dos años duraron las obras. El día 6 de agosto de 1847, el señor cura párroco de San Andrés lo bendijo. Ese mismo día se inhumó al primer cofrade, D. Miguel Cullel.

El cementerio, se construyó en la parte más alta del cerro llamado de las Ánimas. Para acceder a él tan solo existía un camino de tierra en muy malas condiciones. Cuando llovía, era tal el barrizal que allí se formaba que a pesar de que dos peones camineros constantemente lo reparaban, las carrozas fúnebres, tiradas por grandes caballos pasaban verdaderas dificultades para atravesarlo. Así en este estado permaneció este camino hasta que en 1974 fue asfaltado y convertido en lo que hoy es la carretera de acceso principal.

 
 
Solicitud de ingreso del primer inhumado, D. Miguel Cullel
 
Parte de defunción del primer inhumado, D. Miguel Cullel
 
 
 
 
 

Al finalizar el camino existía una hermosa escalinata a través de la cual se llegaba a la parte más alta del cerro, y allí sobre una explanada, rodeado de terraplenes y arbustos, es donde se encontraba y se encuentra este humilde y bien cuidado cementerio.
Al pie de esta bella y magnifica escalinata: el capellán, su sacristán y dos monaguillos revestidos con ricas ropas talares, un maestro de ceremonia, cuatro mozos cargadores uniformados todos ellos con chaquetas negras y sombreros de copa y un grupo de mayordomos con trajes de etiqueta, luciendo sobre sus pechos la insignia de oro de la Corporación, recibían el cortejo fúnebre.

 
 
Antigüa entrada a la Sacramental
 

Antes de pasar al interior del cementerio, a pesar del tiempo transcurrido, aún se puede contemplar su primitiva puerta de hierro fundido. Es una puerta sencilla compuesta de dos hojas de un metro de ancha por tres de alta con un grosor de cinco centímetros cada una.
Ambas hojas están divididas en varios cuadros. En cada uno de ellos dibujado en relieve podemos observar distintas alegorías que hacen referencia a la vida y a la muerte.
En los dos primeros cuadros: dos cintas de flores enlazadas entre si nos anuncian la vida. En los dos siguientes: dos relojes de arena con alas nos marcan la brevedad del tiempo. En el quinto y sexto: dos antorchas prendidas nos recuerdan la muerte. Y en los dos últimos cuadros: dos letras griegas, Alfa y Omega, nos indican el principio y fin de todas las cosas.
Existía también en esta entrada una espléndida marquesina de cristal, debajo de la cual estaban y actualmente están instaladas las dependencias del servicio.

 
 

Proyecto para el cementerio de la Sacramental de San Justo
(Wenceslao Gaviña y Vaquero)
 
 
 
 

  
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